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No todos los traslados de oficina se planifican con meses de antelación. Este es el relato de un caso representativo de nuestro trabajo en Domus Mundi: el tipo de mudanza que nos encontramos con cierta frecuencia y que resume bien por qué la planificación importa más que la velocidad. Una empresa de servicios profesionales, con oficina en Madrid capital y una treintena de puestos de trabajo, necesitaba cambiar de sede sin que sus clientes notaran ni un solo día de interrupción.

El reto: viernes por la tarde a lunes por la mañana

El requisito era claro desde la primera llamada: el viernes a las 18:00 la oficina antigua tenía que estar vacía, y el lunes a las 9:00 el nuevo espacio tenía que estar completamente operativo, con cada persona en su puesto, cada ordenador encendido y cada teléfono funcionando. Entre medias, un fin de semana. Nada más.

Este tipo de plazo es habitual en empresas que atienden a clientes de forma continuada y no pueden permitirse cerrar ni un día entre semana. La solución no está en trabajar más rápido el día de la mudanza, está en que casi todo el trabajo se haga antes de que llegue ese fin de semana.

La planificación previa: las tres semanas antes del traslado

Como explicamos en nuestro artículo sobre cómo organizar una mudanza de oficina sin parar la actividad, la fase de planificación es la que realmente decide si un plazo tan ajustado es viable. En este caso, empezamos con una visita a ambos espacios para valorar accesos: la oficina de origen estaba en una cuarta planta con ascensor de dimensiones reducidas, lo que hacía necesario un elevador de muebles para el mobiliario de mayor tamaño. La oficina de destino, en cambio, tenía muelle de carga propio, lo que facilitaba mucho la descarga.

Con esa información, diseñamos un plan por zonas: cada departamento tenía asignado un color de etiqueta, y cada caja debía indicar no solo su contenido, sino la ubicación exacta en la nueva planta. Los equipos informáticos —unos treinta puestos, más un servidor propio de la empresa— se documentaron con antelación siguiendo el protocolo que describimos en nuestro artículo sobre el traslado de servidores y equipos informáticos: fotografía de la disposición del rack, etiquetado de cada cable y copia de seguridad adicional antes del apagado.

Durante esas tres semanas, la empresa fue empaquetando de forma progresiva todo el material que no era de uso diario —archivo histórico, material de almacén, mobiliario auxiliar— para que el viernes solo quedara por trasladar lo estrictamente necesario para seguir trabajando hasta el último momento.

El viernes: el embalaje final y la salida

El viernes por la tarde, en cuanto el último empleado salió de la oficina, nuestro equipo entró para embalar los puestos de trabajo activos, desmontar el mobiliario restante y coordinar el uso del elevador de muebles para bajar los armarios de expediente y las mesas de mayor tamaño que no cabían por el ascensor. El servidor se apagó siguiendo el protocolo acordado con el departamento de sistemas de la empresa, y se trasladó en un vehículo independiente, con protección específica, separado del resto del mobiliario.

A las 22:00 del viernes, la oficina antigua estaba completamente vacía.

El sábado: montaje por zonas

El sábado se dedicó por completo al montaje en el nuevo espacio. Siguiendo el plan de zonas definido semanas antes, cada mueble se colocó directamente en su ubicación final, sin necesidad de reorganizar nada después. La infraestructura de red se instaló primero —siguiendo el mismo orden de prioridad que explicamos en el artículo sobre equipos informáticos—, después el servidor, y por último cada puesto de trabajo individual con su ordenador, pantalla y periféricos conectados y probados uno a uno.

El domingo: revisión y últimos detalles

El domingo se destinó a la revisión final: comprobar que cada caja había llegado a su destino correcto, que todos los equipos informáticos estaban conectados y funcionando, y que el mobiliario de las salas de reunión y de la zona de recepción estaba listo para recibir clientes desde primera hora del lunes.

El lunes: como si nada hubiera pasado

A las 9:00 del lunes, los empleados llegaron a un espacio completamente operativo. Ningún ordenador sin conectar, ninguna caja sin abrir en mitad de un pasillo, ningún departamento sin su archivo a mano. La empresa no perdió ni una hora de atención a sus clientes entre semana, que es exactamente el objetivo con el que habían empezado esta conversación tres semanas antes.

Qué hace posible este tipo de traslado

Lo que convierte una mudanza de fin de semana en algo viable no es tener más furgonetas o trabajar más rápido el sábado. Es haber resuelto de antemano todo lo que puede salir mal: los accesos difíciles, el orden de reconexión de los equipos, el etiquetado por zonas y la coordinación entre el equipo de mudanza y el departamento interno de la empresa. Cuando esa planificación está hecha, el fin de semana se convierte simplemente en la ejecución de un plan, no en una carrera contrarreloj.

¿Tu empresa necesita algo parecido?

Si tu empresa tiene una fecha límite ajustada y no puede permitirse perder días de actividad entre semana, este es exactamente el tipo de proyecto en el que podemos ayudarte. Trabajamos los 365 días del año, incluidos fines de semana, para que tu mudanza de oficina se resuelva sin que tus clientes lo noten.

Solicita presupuesto sin compromiso y cuéntanos tu plazo: te diremos con sinceridad si es viable y cómo lo planificaríamos.

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